Hasta hace unos días eran los robos. Hoy son las vuvuzelas. Sudáfrica 2010 se sigue jugando fuera de las canchas y las polémicas son el pan de cada día. El largo instrumento de plástico en forma de trompeta, que al soplarlo emite un ruido similar al barritar de un elefante, está en la mira de quienes consideran que no debería ser permitido en el Mundial.
Los contras, uno de ellos Lionel Messi, dan varias excusas para vetarlo. Que emite un ruido espantoso, que desconcentra, que impide el diálogo dentro de las canchas. Y la verdad que el tronar de las vuvuzelas es ensordecedor y se mantiene parejo durante los 90 minutos de juego. Hay que estar en un estadio sudafricano para saber lo estridente de este sonido, emitido a la vez por 40 mil personas. “Too much noise”, dicen los ingleses.
Pero las vuvuzelas son parte del folklore de este país. Sí, son ruidosas, pero dan colorido y expresan exactamente el sentir del hincha africano que vive el fútbol a su manera.
El vetar las vuvuzelas sería como pretender quitar los bombos, las bocinas, los tambores y las trompetas de los estadios del resto del mundo. Dejemos tranquilos a nuestros amigos africanos… y que la sigan soplando.
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