En los 111 años de Alianza Lima, hay historias inimaginables, como la que contó hace años el escritor y periodista Manuel Doria en su libro “Cuestión de Pelotas”. Los protagonistas: Prisco Alcalde y “Lolo” Fernández.
Sucedió en 1941. Prisco Alcalde, en sus últimos años en el fútbol, estaba jugando de zaguero en Alianza Lima y le tocó enfrentar al gran “Lolo” Fernández en un clásico. Al promediar el primer tiempo, se cobró un tiro libre en favor de la “U”.
A 40 metros de la valla que defendía el arquero aliancista Arenaza, “Lolo”, como de costumbre, se encargó de ejecutar el disparo. Puso la pelota sobre un montoncito de pasto, pateó el suelo tres veces con la punta del pie, se acomodó la redecilla y se aprestó a correr para lanzar uno de sus mortíferos cañonazos.
Pero al ver que Prisco estaba en la barrera, le gritó: “Quítese, tocayo, quítese por favor...”.
Prisco sacó pecho, se encogió de hombros y gritó, envalentonado: “Tire nomás, primo, tire nomás, que donde hay hombres no mueren hombres...”.
“Lolo” retrocedió tres pasos y luego avanzó, como empalmando un fusil, con alma, corazón y vida. Prisco se adelantó ligeramente y puso la cabeza desviando la pelota, pero el impacto le hizo perder el conocimiento. Corrieron a ayudarlo y al ver que no reaccionaba, se lo llevaron de emergencia al hospital Italiano que quedaba en la avenida Abancay.
Al terminar el clásico, “Lolo” fue a ver a Prisco y cuando llegaba a la sala apareció una camilla con un paciente tapado por una blanca sábana. “Ya se murió mi tocayo”, dijo preocupado.
Recién le volvió la calma cuando lo llamó “Titina” Castillo y le dijo que Prisco estaba recuperándose. Todo no pasó de una fuerte conmoción cerebral y cuando se alejó el peligro, “Lolo”, con su chispa de siempre, dijo que a partir de esa fecha Prisco Alcalde perdió la memoria por completo... en lo que a pagar deudas se refiere.